El tiempo es oro

22 Dic
Imagina un lugar donde no existiese el dinero, sino el tiempo. Infinidad de horas, minutos y segundos se convertirían en la nueva moneda de cambio. La película “In time”, escrita y dirigida por Andrew Niccol, muestra una sociedad dividida en clases: una élite rica en siglos y una mayoría pobre en segundos. Sin duda alguna, una perspicaz crítica social que invita a la reflexión.

En este lugar, los seres humanos han sido modificados genéticamente para vivir hasta los 25 años. Entonces, su reloj se pone en marcha y tienen hasta un año de vida para conseguir tiempo extra. Vivirán congelados en el tiempo porque su aspecto físico no envejecerá un solo día más, pero la lucha por cada segundo de vida no ha hecho más que comenzar.

En este escenario, pagaríamos en horas, trabajaríamos por minutos y robaríamos segundos. En definitiva, una sociedad en donde el tiempo lo es todo. A pesar de que nos pueda parecer lo contrario, no sería una sociedad tan distinta a la nuestra. Unos pocos tendrían todo el tiempo del mundo, mientras que la mayoría lucharía por unos pocos segundos de vida.

Reloj de arena

Llegar a tiempo se convierte en una prioridad

Y como ocurre en la vida real, detrás de un bien preciado, da igual que sea tiempo o dinero, se esconde la avaricia. Uno de los siete pecados capitales. En esta línea, aparecen las mafias del tiempo o minutarios, que vienen a ser saqueadores. Por otro lado, encontramos al guardián del tiempo, cuya misión consiste en salvaguardar el orden social. En última instancia, un joven valiente, consciente de la injusta realidad, decide tomarse la justicia por su propia mano. En otras palabras, el bueno de la peli.

Will Salas, interpretado por Justin Timberlake, es un joven trabajador que pierde a su madre después de haberse quedado sin tiempo. Paradójicamente cuando muere su madre, Salas gana un siglo de vida. El destino hace que se encuentre con Henry Hamilton (Matt Bomer), un hombre cansado de la vida eterna.  La ironía es que en esta sociedad casi perfecta para algunos, hay quién quiere morir. En su encuentro con Hamilton, le revela la cuestión clave: “Para que unos pocos sean inmortales, muchos deben morir”. Me pregunto si podríamos aplicar esta misma frase a nuestro contexto. Quedaría algo así: Para que unos pocos se enriquezcan, muchos deben morir. ¿Qué os parece? El caso es que la vida se encarece para garantizar que la gente se siga muriendo. Y es así como se mantiene el status quo. Unos pocos viven eternamente a cambio de que muchos mueran. Lo triste es que realmente hay tiempo suficiente para todos.  Incrédulo por este hallazgo, Will Salas decide repartir justicia y desafiar las zonas horarias. Porque detengámonos a pensarlo fríamente… ¿Se puede robar lo que ya fue robado?

Nueva Greenwich es una zona blindada por muros, separada del gueto por peajes, donde el tiempo no escasea. Hay tiempo de sobra y nadie parece tener prisa. Coches de lujo, fiestas elegantes, guardaespaldas. Se juegan siglos en las mesas de póquer. ¿Es justo vivir una vida llena de riquezas mientras otros mueren? Por mucho que uno cierre los ojos, sabe que están ahí.

Cada segundo significa la muerte para miles de personas

La historia en sí es una crítica que te invita a reflexionar sobre la sociedad en que vivimos, sus normas y su aprobación social. El tiempo representa al dinero. Las desigualdades sociales hacen posible que unos pocos puedan vivir cómodamente, mientras que miles de personas se mueren de hambre cada día. Tanto el tiempo como el dinero se pueden malgastar. Detengámonos a pensarlo: ¿Qué necesitamos para vivir?, ¿estarías dispuesto a renunciar a una vida confortable para que muchos puedan vivir modestamente? El director ha evidenciado el egoísmo como pilar fundamental que mueve al ser humano. No es la primera vez que Niccol nos enseña una sociedad posmoderna, abocada a la desgracia. Sin embargo, consigue hacer autocrítica de forma metafórica dejando al espectador la libertad de profundizar (o no) en ese mundo ficticio, así como en sus causas y sus consecuencias.

El Roto "llegar a rico me costó lo vuestro"

¿Quién es Andrew Niccol?

andrew niccol

La carrera cinematográfica de Andrew Niccol, ya sea como guionista o como director, llama la atención. A sus espaldas cuenta con afamados títulos como “El señor de la guerra”, “El show de Truman”, “Gattaca”,  y “La Terminal”, entre otros. El tráfico ilegal de armas, la transgresión de los límites de la intimidad hasta el punto de Gran Hermano, el avance científico y el sinsentido de un país que basa su sistema de seguridad aeroportuaria en la documentación reglada deja mucho que decir de sí mismo. Abarca una amplia variedad de temas que sugieren una mirada introspectiva.

Fue, precisamente, “El show de Truman” la película que más éxitos le trajo: una nominación a los Oscar por el mejor guión original, otra a los Globos de Oro y finalmente ganó un premio BAFTA en 1998.

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