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¿Por qué Homeland gana tantos premios?

26 Ene

La trama

2003. El sargento de los Marines, Nicholas Brody, es secuestrado por los terroristas de Al Qaeda. A partir de entonces, pasa a convertirse en prisionero de guerra y durante 8  años sufre el maltrato tanto físico, como psicológico del grupo terrorista liderado por Abu Nazir. Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos desconoce su paradero y le da por desaparecido en combate.

2011. En una incursión llevada a cabo por la fuerza norteamericana de operaciones especiales Delta Force, el marine es sorprendentemente encontrado en un puesto perteneciente a integrantes fanáticos de Abu Nazir. Inmediatamente es liberado de su aislamiento y llevado de vuelta  a casa, junto a su mujer e hijos. Recibido con honores, Brody retoma su vida anterior al secuestro con dificultades. Con el paso del tiempo, el excombatiente es nombrado congresista del bando republicano y mano derecha del vicepresidente de EEUU.

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Previamente una agente de la CIA, Carrie Mathison, recibe un chivatazo de un confidente en Irak que le revela que uno de los suyos ha cambiado de bando y ahora trabaja para Al Qaeda. La espía comienza a atar cabos sueltos y no tarda en poner en duda la veracidad de la historia de Brody iniciando, por cuenta propia, una investigación que tiene como objetivo averiguar el grado de implicación del marine con Al Qaeda.

Para más inri, os avanzaré que Brodi se ha convertido a la religión musulmana, que practica en la más estricta intimidad. Además, parece haber tenido una relación especial con el hijo de Nassir que falleció tras un atentado ejecutado por drones, es decir robots teledirigidos por el gobierno estadounidense. Después de todo, ¿tú qué pensarías? ¿Podría seguir siendo fiel a su bandera o disidente de EEUU?, ¿víctima o verdugo?, ¿héroe o traidor?  Habemus trama.

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Sus puntos fuertes

“Homeland” es la serie que arrasa en los festivales de renombre. En su haber cuenta con dos Globos de Oro: Uno a la mejor serie dramática y otro a Claire Danes en la categoría a la mejor actriz de serie dramática; y seis premios Emmy. Con dos temporadas y una tercera en camino, “Homeland” se ha colocado entre las 10 mejores series del año según The American Film Institute Awards. De hecho, está nominada a varios premios del Gremio de Escritores de América, en inglés Writers Guild of America (WGA).

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¿Por qué tantos reconocimientos? En primer lugar, la serie de espías cuenta con un magnífico guión plagado de momentos de intriga y tensión. Cuando parecía que no podía dar más de sí, lo ha hecho y con bastante éxito a mi parecer. A pesar de lo que se pensaba a priori, la segunda temporada ha convencido a la crítica más escéptica. En segundo lugar, un tema en permanente actualidad, como un inminente ataque terrorista perpetrado por Al Qaeda, que hace continuas referencias a Bin Laden y  llevado a la pequeña pantalla fue todo un acierto. El éxito de “Homeland” se resumiría con la siguiente fórmula: tema novedoso + formato serie + una buena dosis de patriotismo norteamericano + algunos elementos transgresores = filón.  No quitemos mérito al reparto porque cuenta con un elenco muy interesante.

Obama y Homeland

Por si fuera poco, el carismático presidente Obama aseguró a la revista People ser incondicional de “Homeland” al considerarla como “una serie que hay que ver obligatoriamente”. Y, efectivamente, habemus una promoción impagable. Ni la mejor empresa de marketing del mundo podría haber conseguido un reclamo tan bueno y, ni de lejos, tan efectivo para consumir esta serie. El efecto-llamada y el “boca a boca” hicieron el resto.

La CIA tiene 25 enlaces con Hollywood

Hace poco leíamos en unas declaraciones de Tim Weiner, periodista del New York Times y autor del afamado libro “Legado de Cenizas: La historia de la CIA”, para El País que “ahora los guionistas tienen acceso a más datos sobre la organización y por eso se producen filmes más realistas”. Continúa diciendo que la Agencia “trabaja todo lo que puede para mantener una imagen positiva en el cine”. Películas tan aplaudidas como “Argo” y el controvertido relato sobre la caza y captura de Osama Bin Laden en “La noche más oscura”, nos hace pensar que la CIA sirve como fuente de inspiración a las producciones de Hollywood.

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Por su parte, Chase Brandon, antiguo asesor en Hollywood sobre películas de la CIA tales como “Pánico nuclear” y “La prueba”, ha asegurado que el servicio secreto está mucho más implicado en los guiones y desarrollo de proyectos de lo que se piensa, recoge El País. Quién ahora ocupa el puesto de Brandon es Paul Berry. Éste último está al mando de un departamento de 25 personas que trabaja como enlace con la industria cinematográfica y ha declarado no subestimar la influencia de Hollywood. Y no deberían. Están consiguiendo recuperar la confianza perdida tras los atentados del 11-S que hicieron temblar los cimientos del espionaje estadounidense.

¿Homeland está sobrevalorada?

Seguramente. Y aún así, os recomiendo ver esta serie porque a mí no me ha dejado de sorprender. El cierre de la segunda temporada abre nuevos caminos para una aceptable tercera temporada. Aventurarse a hablar de una cuarta sin hacer mella en la calidad a la que nos tiene acostumbrados, me parece demasiado arriesgado (a la par que difícil). Por el momento, habrá que esperar porque a pesar de que Showtime confirmó su renovación en octubre de 2012, la cadena aún no ha informado sobre su fecha de regreso. Eso sí, la tercera temporada tendrá 13 capítulos, cada uno de ellos de una hora de duración.

En España, la cadena FOX emite “Homeland”, aunque Cuatro ha anunciado su próximo estreno en abierto. Afortunadamente, existen vías alternativas para poder seguirla.  Desde luego razones no faltan para verla, pero las autoridades advierten que este blog no  se responsabiliza de las altas expectativas que ha podido crear sobre sus lectores.  Y quién avisa, no es traidor ¿o sí?

El tiempo es oro

22 Dic

Imagina un lugar donde no existiese el dinero, sino el tiempo. Infinidad de horas, minutos y segundos se convertirían en la nueva moneda de cambio. La película “In time”, escrita y dirigida por Andrew Niccol, muestra una sociedad dividida en clases: una élite rica en siglos y una mayoría pobre en segundos. Sin duda alguna, una perspicaz crítica social que invita a la reflexión.

En este lugar, los seres humanos han sido modificados genéticamente para vivir hasta los 25 años. Entonces, su reloj se pone en marcha y tienen hasta un año de vida para conseguir tiempo extra. Vivirán congelados en el tiempo porque su aspecto físico no envejecerá un solo día más, pero la lucha por cada segundo de vida no ha hecho más que comenzar.

En este escenario, pagaríamos en horas, trabajaríamos por minutos y robaríamos segundos. En definitiva, una sociedad en donde el tiempo lo es todo. A pesar de que nos pueda parecer lo contrario, no sería una sociedad tan distinta a la nuestra. Unos pocos tendrían todo el tiempo del mundo, mientras que la mayoría lucharía por unos pocos segundos de vida.

Reloj de arena

Llegar a tiempo se convierte en una prioridad

Y como ocurre en la vida real, detrás de un bien preciado, da igual que sea tiempo o dinero, se esconde la avaricia. Uno de los siete pecados capitales. En esta línea, aparecen las mafias del tiempo o minutarios, que vienen a ser saqueadores. Por otro lado, encontramos al guardián del tiempo, cuya misión consiste en salvaguardar el orden social. En última instancia, un joven valiente, consciente de la injusta realidad, decide tomarse la justicia por su propia mano. En otras palabras, el bueno de la peli.

Will Salas, interpretado por Justin Timberlake, es un joven trabajador que pierde a su madre después de haberse quedado sin tiempo. Paradójicamente cuando muere su madre, Salas gana un siglo de vida. El destino hace que se encuentre con Henry Hamilton (Matt Bomer), un hombre cansado de la vida eterna.  La ironía es que en esta sociedad casi perfecta para algunos, hay quién quiere morir. En su encuentro con Hamilton, le revela la cuestión clave: “Para que unos pocos sean inmortales, muchos deben morir”. Me pregunto si podríamos aplicar esta misma frase a nuestro contexto. Quedaría algo así: Para que unos pocos se enriquezcan, muchos deben morir. ¿Qué os parece? El caso es que la vida se encarece para garantizar que la gente se siga muriendo. Y es así como se mantiene el status quo. Unos pocos viven eternamente a cambio de que muchos mueran. Lo triste es que realmente hay tiempo suficiente para todos.  Incrédulo por este hallazgo, Will Salas decide repartir justicia y desafiar las zonas horarias. Porque detengámonos a pensarlo fríamente… ¿Se puede robar lo que ya fue robado?

Nueva Greenwich es una zona blindada por muros, separada del gueto por peajes, donde el tiempo no escasea. Hay tiempo de sobra y nadie parece tener prisa. Coches de lujo, fiestas elegantes, guardaespaldas. Se juegan siglos en las mesas de póquer. ¿Es justo vivir una vida llena de riquezas mientras otros mueren? Por mucho que uno cierre los ojos, sabe que están ahí.

Cada segundo significa la muerte para miles de personas

La historia en sí es una crítica que te invita a reflexionar sobre la sociedad en que vivimos, sus normas y su aprobación social. El tiempo representa al dinero. Las desigualdades sociales hacen posible que unos pocos puedan vivir cómodamente, mientras que miles de personas se mueren de hambre cada día. Tanto el tiempo como el dinero se pueden malgastar. Detengámonos a pensarlo: ¿Qué necesitamos para vivir?, ¿estarías dispuesto a renunciar a una vida confortable para que muchos puedan vivir modestamente? El director ha evidenciado el egoísmo como pilar fundamental que mueve al ser humano. No es la primera vez que Niccol nos enseña una sociedad posmoderna, abocada a la desgracia. Sin embargo, consigue hacer autocrítica de forma metafórica dejando al espectador la libertad de profundizar (o no) en ese mundo ficticio, así como en sus causas y sus consecuencias.

El Roto "llegar a rico me costó lo vuestro"

¿Quién es Andrew Niccol?

andrew niccol

La carrera cinematográfica de Andrew Niccol, ya sea como guionista o como director, llama la atención. A sus espaldas cuenta con afamados títulos como “El señor de la guerra”, “El show de Truman”, “Gattaca”,  y “La Terminal”, entre otros. El tráfico ilegal de armas, la transgresión de los límites de la intimidad hasta el punto de Gran Hermano, el avance científico y el sinsentido de un país que basa su sistema de seguridad aeroportuaria en la documentación reglada deja mucho que decir de sí mismo. Abarca una amplia variedad de temas que sugieren una mirada introspectiva.

Fue, precisamente, “El show de Truman” la película que más éxitos le trajo: una nominación a los Oscar por el mejor guión original, otra a los Globos de Oro y finalmente ganó un premio BAFTA en 1998.

¿Qué pasaría si resucitáramos a los muertos?

15 Nov

Decía Benjamin Franklin (1706-1790) que “En este mundo no se puede estar seguro de nada, salvo de la muerte y de los impuestos”. Muy posiblemente, no podamos librarnos de pagar impuestos, pero ¿y si algún día la ciencia nos diera la clave para revivir a los muertos? Ante este desafío se enfrenta el protagonista del nuevo filme de animación de Tim Burton que, después de 28 años, se estrena en la gran pantalla como un largometraje.

“Frankenweenie” tiene todos los ingredientes para gustar a todos los públicos: niños y adultos, e incluso a los más escépticos. Para empezar, os doy seis razones…

  1. Es una apuesta de Disney.
  2. Lo firma Tim Burton.
  3. Es una adaptación del cortometraje homónimo que ya dirigió Burton en 1984 y que logró cosechar buenas críticas.
  4. El empleo de la tradicional técnica stop motion. Esto significa que primero fue rodada en blanco y negro, para después ser animada fotograma a fotograma con la novedad de incorporar elementos en 3D.
  5. Se anunció su estreno en noviembre de 2011 y hemos tenido que esperar casi un año para poder verla. En Estados Unidos se estrenó el 5 de octubre de 2012 y llegó a las salas de cine de España seis días después.
  6. Es una mordaz parodia de Frankenstein. 

Desde luego que motivos no faltan para estimular las ventas en la taquilla, aunque bien es cierto que las cifras han pasado inadvertidas. Serán precisamente las altas expectativas que uno se forma en su cabeza cuando va al cine a ver una película con muchas ganas, que cuando sale de la sala lo primero que piensa es “me quedaría con la versión de Burton estudiante y despedido por Disney”. A pesar de que  buena parte de la crítica ya ha catalogado a “Frankenweenie” como el esperado regreso de Burton o la obra que ha logrado reencontrar al maestro con sus orígenes. Honestamente, ni por asomo lo es.

Crítica a “Frankenstein”

Vamos a remontarnos al año 1818, cuando se publica la primera historia moderna enmarcada en el género de ciencia ficción. Mary Shelley escribió “Frankenstein o el moderno Prometeo” en plena revolución industrial. Su obra responde a la preocupación social de la época. Fueron momentos en que se temía por la sustitución de los hombres por las máquinas. Es más, en 2012 tampoco estamos exentos de dicha polémica. La digitalización se ha cargado cientos de puestos de trabajo, pero también ha creado otros tantos. Aunque el máximo exponente de esta preocupación probablemente se haya materializado en los drones o robots teledirigidos utilizados principalmente en el campo de batalla. No quiero ahondar demasiado en el tema, no al menos en este post, pero si queréis hacerlo sería interesante ver “Odisea del espacio”, de Stanley Kubrik, así como “Blade runner” y “Alien” de Riddle Scott.

El caso es que Shelley se inspiró en los experimentos del médico y filósofo inglés, Erasmus Darwin, considerado uno de los propulsores de la revolución industrial. Si el apellido os parece familiar es porque también fue el abuelo de Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución. En el siglo XVIII se pensaba que el cerebro de los animales emitía energía, que se transmitía a través de los nervios hasta llegar a los músculos y que era la responsable de producir movimiento en el cuerpo. Hasta el punto que Darwin ensayó con animales e incluso con cadáveres humanos con el propósito de comprobar si esa electricidad realmente podía curar la parálisis o revivir a un muerto. Mientras Shelley escribía su obra maestra, se respiraba cierto revuelo y rechazo hacia la ciencia.

A principios de los 80, Tim Burton había sido contratado por Disney. Empezó como aprendiz de animación en un momento en que a Disney no le iban las cosas del todo bien y necesitaba un “lavado de cara”. Por este motivo, buscaron nuevos creadores y entre ellos estaba Burton. Durante aquella etapa escribió y dirigió “Vincent” (1982) y posteriormente “Frankenweenie” (1984). Disney no supo apreciar el talento que empezaba a palparse en el joven Burton y le despidieron porque su contenido era “demasiado terrorífico para las audiencias jóvenes”. El cortometraje nunca se exhibió en cines, pero sí se comercializó en vídeo. Aunque Disney se reconcilió con Burton mucho antes, no fue hasta en 2007 cuando volvió a llamar a la puerta del cineasta para adaptar “Frankenweenie”. Por aquellas Burton ya acumulaba una larga lista de éxitos a sus espaldas y por más de uno era considerado un genio del séptimo arte.

Aquí no hay spoilers

La historia de Frankenweenie es sencilla. Un niño pierde a su mejor amigo, su perro Sparky. La trama gira sobre cómo le resucita haciendo uso de la ciencia y sus consecuencias. Aunque guarda ciertas similitudes con la trama original, diría que la versión corta es mucho más crítica con la sociedad que, horrorizada por el éxito científico, se levanta contra el perro bajo la creencia de ser un monstruo. Parece que en su adaptación, Burton buscó aquello que obvió en 1984: adecuar la película para todos los públicos, también para los más pequeños; aquellos a los que Disney se refería cuando le despidieron.

Si lo queréis comprobar, os dejo la “Frankeenweenie” de 1984 para que podáis comparar:

En cualquier caso, “Frankenweenie” lleva el sello inconfundible de Tim Burton: la técnica de stop motion que ya empleó  en “Pesadilla antes de Navidad” (1993) o “James y el melocotón gigante” (1996), personajes oscuros, algo dramáticos, con visibles ojeras y autodidactas. Éste último rasgo se ve muy bien reflejado en su protagonista, Victor Frankenstein, quién aprende prácticamente por su cuenta a revivir a su perro. La película está hecha en blanco y negro, como la obra original, y de nuevo se aprecia la costumbre de Burton de  recurrir a los perros en sus historias, tal y como ocurrió en “Eduardo manos tijeras” con la peluquería canina, en “Pesadilla antes de Navidad” con Zero o el perro de “La novia cadáver”. En “Frankenweenie” se ven características muy extremas de los personajes: el profesor es muy alto, la niña rubia es muy delgada, el niño y su madre son muy gordos y la apariencia del niño malo da hasta grima.

Y tú… ¿eres de los que piensa que Frankenweenie es la ansiada vuelta de Tim Burton o aún habrá que esperar un poco mas?